viernes, 19 de marzo de 2010

Como sobrevivir a la adolescencia de los hijos

Desde hace unos pocos años experimento la adolescencia de dos de mis cuatro hijos, creer que uno esta preparado para lo que viene es simplemente una forma de autoengaño.


Con la llegada de los niños a la pubertad y sus consecuencias, mas allá de los cambios físicos llegan los cambios emocionales que son definitivamente los mas difíciles de digerir.

No importa cuando recuerdes tu propia adolescencia ni cuanta experiencia hayas adquirido con los años, con sobrinos, con hijos de amigos que pasan por estas mismas circunstancias.

No importa cuantos libros hayas leído ni cuantas horas hayas derrochado en el diván con tu analista.

No importa cuantas veces por día invoques a tu santa madre en nombre de las actividades de tus santos hijos.

Nada de lo que te cuenten, aunque no llegues a creerlo podrá darte una idea de las cosas que vas a vivir a partir del momento que se declaren en la franca rebeldía adolescente.

Con las expectativas de madre, podrás hacer un bonito rollo y colocarlo donde te quepa, aunque no creo que quepa por mas que te esfuerces y mucho.

Después de la tercera respiración profunda, cuando hayas contados millones de veces hasta mil, mientras en tu cabeza se cruza la imagen del cachetazo merecido y no recibido, después de entablar la misma monotematica conversación por decimocuarta vez en la semana, habrás descubierto definitivamente que todos los esfuerzos de comprensión quedan abolidos antes de arrancar.

En ese momento uno se encomienda al santo de turno, se hace budista, medita, levita, cambia de habito, experimenta la filosofía zen y otras yerbas con tal de no llevar a cabo las violentas opciones que van apareciendo en la mente mientras se tiene enfrente a ese ser que hasta hace poco era un adorable, sensible y simpático niño incapaz de elevar la voz frente a los padres, desobedecer una orden o mentirte abiertamente cual especialista en la materia destratandote como si toda tu investidura de padre fuera un disfraz del día de brujas.

Uno se pone grande y rememora su propia adolescencia, recuerda las mentiras dichas, las omisiones a los padres y otras cosas que aunque no dichas por nosotros mismos, eran conocidas por nuestros padres un poco por intuición y otro por intrusión.

Entonces te das cuenta que como el celular no existía no había forma de que te controlaran, como el facebook no era una opción pensada en ese entonces no corríamos el riesgo de que nuestros padres vieran nunca una foto o un registro de lo que habíamos hecho, en el mejor de los casos si tus padres conocían a los padres de tus amigos podían llamarse por teléfono, si lo tenias, para saber como habías pasado la noche, sin adivinar que los padres de tu amigo también confiaban en que la noche la había pasado su hija en tu casa.

La tecnología nos dio la posibilidad de estar mas en contacto, de hacer que la libertad dada a los hijos pudiera ser supervisada, de ver lo que no muestran, de leer lo que no te cuentan, de espiar lo que no comparten con uno, y sobre todo nos dio la posibilidad de acceder a un mundo del que somos expulsados desde que la adolescencia se instala en nuestros hijos.

No se si es mejor el "ojos que no ven, corazón que no siente" u "ojos que no ven, facebook te lo refriega en la cara"

Nadie esta exento y creo que formare un grupo de padres amotinados contra sus tiernos hijos adolescentes.

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