Estoy indignada.
Hace un tiempo genere en mi facebook un grupo que se llamo exactamente igual que mi post de hoy "Wall Street, el único camino hacia la magia" nunca le di demasiada bola hasta hoy, que me encuentro bastante al pedo.
Buceando en facebook, encontre un grupo similar y me indigne. No soslo porque tiene mas de mil adeptos sino porque la que lo dirige dice muy sueltita de cuerpo que los mejores años de mi querido Wall Street fueron 1997 y 1998. No podeees!!!!
Para los que no tuvieron la dicha inmensa de bailar en sus pistas y para los que si, les contare algunos datos útiles, y espero que en algun momento se sumen y me dejen sus propios recuerdos.
Wall Street abrio sus puertas el 30 de octubre de 1986, cuando yo estaba en 2do año, y mi profesor de geografia, Daniel Carrettoni, era el DJ principal.
Enclavado en Bme. Mitre 1063, en la localidad de Moreno, en un predio enorme con salida a dos calles y con salidas de seguridad impensadas en ese momento.
Contaba con una enorme pista que simulaba las calles de New York, con una pizarra com la de la bolsa estadounidense que recubria la cabina que colgaba en una de las puntas de la pista, flanqueda por dos enormes gradas en el primer piso y cuatro escaleras que ordenban la circulacion, sobre todo en las maratones cuando se cruzaba la barrera de las 5000 personas que bailaban al son de la mejor musica electronica que existia. La inversion en la cabina fue monstruosa y ni quieran saber los brazos roboticos que conformaban las luces de la pista, el piso se iluminaba y la sirena te llamaba a la apertura. Tema aparte: la apertura era diferente todas las noches y woker se encargaba de que cada una superara la anterior.
El resto de los boliches de la zona subsitian gracias a la gente que rebotaba en la puerta de Wall, dode el Tano Carlos Cappizzi y el tano nini te miraban y ya sabias que estabas afuera. Si te ponias loco, venia Marcelito y te invitaba a retirarte amblemente. en la barra mario baracus te preparaba unos tragos de puta madre. si te cansabas de la marcha entrabas al Garde, que era como un Pumper Nic, pero con mas onda, musica propia y unas violentas hamburguesas, papas con mayonesa y las infaltables jarras de Clerico. Este lugar tenia salida a la calle y poco despues el Garden crecio y tuvo hasta un jardin con sombrillas que te dejaban ver las estrellas.
El Bronx era un enorme reservado de dos pisos con su musica propia y videos que calentaban a todos los que pasabamos por ahi, los sillones de abajo estaba buenos, y los de arriba eran como camas. ups (mama no leas esto)
La barra del Bronx la atendia Daniel, un groso. Yo era VIP, y tenia asistencia perfecta, no faltaba ni enferma. Los viernes y sabados era para un publici mayor a mi edad pero yo siempre tuve privilegios, organizaba el Tano y mi ingreso estaba asegurado. Los domingos era una fiesta, las matinees que organizaban los hermanos Lorenzo, Jorge y Charly, fueron inolvidables, maquilladores, caricaturistas, recitales en vivo, en el verano, mientras esperaban que se llenara te ponian como en el cine una peli en la pantalla gigante, y nada de andarse con chiquitas, la noche que pusieron 9 semanas y media exploto!!!!
que me vienen a contar estas chiruzas de un boliche que no conocieron.
Hasta mi fiesta de Egresados en 1989 la hicimos ahi, fue mi lugar en el mundo durante 6 años, ahi conoci a mi primer amor en a Fiesta de las Coincidencias, llore, rei, me emborrache y fui feliz. Todos mi amigos se reunian entre las paredes de ese boliche que me vio cambiar de look, de estilo, de novios, de edades.
Nunca falte a un cumpleaños, donde se realizaba una fiesta privada cuya entrada era prohibitiva, pero todos rompian el chanchto y estaban, simplemente porque no se podia no estar.
Siempre tuve la sensacion de que si no llegaba a ir, no arrancaba la noche, por eso me peleaba con mi mamao con quien fuera pero no me la perdia ni loca, aun guardo tarjetas del bolicheque dicen en el reverso Damas 5 australes... australes!!!!!!!
Nunca pague para entrar, ni el guardarropas, los VIP eramos pocos y realmente eramos VIP.
Yo pasaba por la cabina del dj para saludar y avisar que ya podiamos empezar...jajajaja
Uno años despues lo ampliaron, le pusieronunSamba, y hasta habia un tren que salia de once hasta morenos usbiiendo solo a la gente que iba al boliche, con tragos, musica y sandwiches. No hubo otro igual.
hace unos años pase y me encontre con que hoy es una iglesia evangelica o algo asi, y no quise ni siquiera mirar. No quiero otra imagen que no sea la de la gente haciendo colas enormes en la puerta, gente ordenada, que no hacia bardo cuando se quedaban afuera o esperaban horas para poder ingresar.
Yo soy de las que vivieron ese lugar como propio y que disfrutaron de Wall Street, el unico camino hacia la magia
domingo, 13 de diciembre de 2009
Navidades eran las de antes
Recuerdo desde siempre las Navidades y otras fiestas en casa de mis abuelos, cuando todo era "en familia"
Desde temprano el 24 se llenaba de voces y corridas, mi abuelo se sentaba frente a una enorme palangana y comenzaba la titánica tarea de hacer ensalada de frutas para treinta personas. Ni se te podía ocurrir acercarte a pellizcar un trozo de fruta, porque te tiraba con lo que tuviera a mano, y seguramente seria ese cuchillito que usaba para pelar la fruta. Se pasaba horas preparando la mejor ensalada de frutas que comí en vida y que una vez desaparecido de entre nosotros, no se volvió a preparar mas, ahora se come helado o coctail de frutas de una bonita lata.
Mi abuela era de esas personas que entraban a la cocina, sus dominios, y no salía de allí en todo el día. Arrancaba temprano preparando todo, hervía los matambres preparados el día anterior, pelaba las papas para la ensalada rusa, hervía dos docenas de huevos para rellenarlos mas tarde, todo tenia su tiempo y su lugar y a pesar de los 89 años que la apesadumbraban a diario, llegadas las fiestas se le iluminaba la vida y hacia de la reunión familiar un gran evento.
Ese dia se usaba la vajilla buena y copas de cristal, que veian la luz solo un par de veces en el año. Manteles de hilo balnco, que ella misma habia bordado en su juventud, servilleteros recien pulidos y hasta un centro de mesa preparado para la ocasion.
Todos colaboraban en algo y desde temprano llegaban a casa, se dividian las tareas, intercambiaban chapuzones en la pileta con la preparacion de las ensaladas. se compraban bolsas de rolitos y las bebidas llenaban el lavarropas atestado de cubitos. No habia lugar en la heladera y todo era movimiento. Llegada la hora del baño, todo se tranquilizaba y tenias que vestirte para la ocasion, nada decalza y zapatillas... Vestido, zapatos y peinado especial. Navidad era una "fiesta" de la cual todos participaban, tios, primos, la casa se llenaba de gente para festejar.
Habia regalos para todos, aunque fuera poco nadie quedaba sin una bombacha rosa, unos pañuelos o unos aritos. Lo importante era estar juntos, y disfrutar.
Los años posteriores a la perdida de mis abuelo cambio las reglas del juego, aunque no se como sucedio. Las fiestas comenzaron a despoblarse de parientes y amigos, cada no tenia un plan diferente, todos crecimos, nos casamos... las fiestas de fin de año se convirtieron en tediosas luchas entre la familia y la familia politica para ver "con quien se pasaba"
Ya no se pensaba en compratirlas entre ambas familias, ya no se juntaban primos, tios y otras yerbas.
Los abuelos eran como la seda que enhebra un collar de perlas y las mantiene unidas.
Hoy la navidad es para mi un dia mas, ya no se cocina ni se prepara la vajilla buena, nadie se levanta temprano a hacer la ensalada de frutas, ni loca arriesgo un mantel de los que herede de mi abuela y ni se me ocurre invitar a medio mundo como entonces.
Las fiestas dejaron de serlo y no se como fuimos perdiendo todas esas tradiciones que compartiamos en familia.
Desde temprano el 24 se llenaba de voces y corridas, mi abuelo se sentaba frente a una enorme palangana y comenzaba la titánica tarea de hacer ensalada de frutas para treinta personas. Ni se te podía ocurrir acercarte a pellizcar un trozo de fruta, porque te tiraba con lo que tuviera a mano, y seguramente seria ese cuchillito que usaba para pelar la fruta. Se pasaba horas preparando la mejor ensalada de frutas que comí en vida y que una vez desaparecido de entre nosotros, no se volvió a preparar mas, ahora se come helado o coctail de frutas de una bonita lata.
Mi abuela era de esas personas que entraban a la cocina, sus dominios, y no salía de allí en todo el día. Arrancaba temprano preparando todo, hervía los matambres preparados el día anterior, pelaba las papas para la ensalada rusa, hervía dos docenas de huevos para rellenarlos mas tarde, todo tenia su tiempo y su lugar y a pesar de los 89 años que la apesadumbraban a diario, llegadas las fiestas se le iluminaba la vida y hacia de la reunión familiar un gran evento.
Ese dia se usaba la vajilla buena y copas de cristal, que veian la luz solo un par de veces en el año. Manteles de hilo balnco, que ella misma habia bordado en su juventud, servilleteros recien pulidos y hasta un centro de mesa preparado para la ocasion.
Todos colaboraban en algo y desde temprano llegaban a casa, se dividian las tareas, intercambiaban chapuzones en la pileta con la preparacion de las ensaladas. se compraban bolsas de rolitos y las bebidas llenaban el lavarropas atestado de cubitos. No habia lugar en la heladera y todo era movimiento. Llegada la hora del baño, todo se tranquilizaba y tenias que vestirte para la ocasion, nada decalza y zapatillas... Vestido, zapatos y peinado especial. Navidad era una "fiesta" de la cual todos participaban, tios, primos, la casa se llenaba de gente para festejar.
Habia regalos para todos, aunque fuera poco nadie quedaba sin una bombacha rosa, unos pañuelos o unos aritos. Lo importante era estar juntos, y disfrutar.
Los años posteriores a la perdida de mis abuelo cambio las reglas del juego, aunque no se como sucedio. Las fiestas comenzaron a despoblarse de parientes y amigos, cada no tenia un plan diferente, todos crecimos, nos casamos... las fiestas de fin de año se convirtieron en tediosas luchas entre la familia y la familia politica para ver "con quien se pasaba"
Ya no se pensaba en compratirlas entre ambas familias, ya no se juntaban primos, tios y otras yerbas.
Los abuelos eran como la seda que enhebra un collar de perlas y las mantiene unidas.
Hoy la navidad es para mi un dia mas, ya no se cocina ni se prepara la vajilla buena, nadie se levanta temprano a hacer la ensalada de frutas, ni loca arriesgo un mantel de los que herede de mi abuela y ni se me ocurre invitar a medio mundo como entonces.
Las fiestas dejaron de serlo y no se como fuimos perdiendo todas esas tradiciones que compartiamos en familia.
viernes, 11 de diciembre de 2009
La crueldad del abandono
Cuando un niño crece con la sensación de haber sido abandonado, desarrolla en su inconsciente una necesidad de negar tal hecho, a pesar de la lógica de haber sido abandonado.
Desde pequeña viví el abandono por parte de mi padre que después de la separación de mi madre, su segunda esposa, dejo de verme y continuo su vida desde el estado de viudez que le otorgaba el haber perdido a su primera mujer.
Para mi inocente mentalidad el permanecía demasiado ocupado para poder verme o llamarme, a pesar de que nos distanciaban unas 20 cuadras.
Cuando mi madre decidió mudarnos de casa, a una bastante mas lejos, yo suponía que el no tenia la dirección de mi nuevo hogar ni tampoco forma de conseguirla, y justificaba su ausencia por tal motivo.
Cuando tuve una edad adecuada para viajar y moverme sola por ahí, decidí ir a buscarlo por mis propios medios, me encamine hacia su casa y por supuesto llegue hasta su puerta.
Inmensa era mi ansiedad a los trece años ante aquella aventura y golpee la puerta de la que suponía seria mi nueva vida junto a aquel ser que me había hecho tanta falta.
Sorprendentemente me encontré con alguien que no conocía y que me abría las puertas de su vida, o al menos eso creí en aquel momento.
Transcurrieron algunos años de idilio, mío por supuesto, hasta que por razones que ya olvide tuvo que viajar y ya no nos vimos. No recuerdo muy bien ese pedazo de historia, pero lo cierto es que no recibí ni una postal.
A su regreso me encontró nuevamente dispuesta a recomenzar, el juego había cambiado y ya mi padre no habitaba su casa.
Durante años, lo seguí en cada nueva mudanza, siempre dispuesta a tener esa idílica relación que se sucede naturalmente entre un padre y una hija pero sin tenerla realmente.
Años después me di cuenta que si no lo llamaba el no lo hacia, si yo no lo visitaba el tampoco venia a verme, con lo cual fui dándome cuenta que su falta de interés era poco mas que notoria para todos a mi alrededor, aunque yo no lo viera.
Pasaron los años, aquella pequeña había quedado atrás y se convertía en madre, una y otra vez. Mis hijas podrían disfrutar de su abuelo tanto como yo no había podido disfrutar de mi papa, pero tampoco resulto de esa forma.
Mi padre me abandonaba una vez mas, según sus palabras, pero esta vez para irse a “morir solo y no ser una carga para nadie” estaba enfermo desde hacia unos años y unilateralmente volvía a su viudez para siempre.
Me llevo casi diez años volver a encontrarlo, siguiéndole la pista cada vez que tenia un nuevo indicio de su paradero. Esta vez, después de tantas desilusiones, ya no lo buscaba para intentar reencauzar nuestra relación, solo quería saber de él. Quería saber si vivía, a pesar de llevar casi veinte años positivo para VIH, si estaba acompañado y si necesitaba, tal como yo había necesitado, un poco de cariño.
Ilusa a los cuatro años, ilusa a los catorce, ilusa a los 25 y más ilusa cerca de los cuarenta.
Volví a llenar mis arcas de amor, anécdotas de los años perdidos, recuerdos de los compartidos y una gran dosis de anestesia para no sentir dolor si me rechazaba nuevamente.
Deje a mi familia y partí a su encuentro. Me recibió un hombre distinto del que recordaba, mayor y lleno de canas, con una mirada diferente de la que recordaba, pero ávido de encontrarme una vez más. Fui muy cauta, ya había pasado por esto demasiadas veces, fui sincera y sin reproches, dispuesta a dejar todo atrás y recomponer las cosas desde ahí, desde ese punto, para no cargar ese encuentro de dolores pasados. Y el también creyó que era lo mejor que podía pasarnos a ambos.
Pasamos tres días maravillosos compartiendo cosas como padre e hija.
Cuando volví de verlo, sentí que podía relajarme y disfrutar de esta nueva etapa que me había costado casi treinta y cinco años conseguir.
Poco después de este reencuentro tuve oportunidad de volver a visitarlo, esta vez con menos suerte que la anterior, ya que por su condición estaba internado con un cuadro bastante complicado. Este segundo viaje me conecto con gente de su nuevo entorno, con la que compartió su vida durante la prolongada ausencia de la mía. Nada había cambiado, para todos era una sorpresa verme, o para la mayoría, ya que en su afán de iniciar una y otra vez la vida lejos de las realidades de su propia vida, me encontré con que seguía siendo viudo a pesar que mi madre sigue viva. También me encontré con gente que me confundía con mi hermana mayor y me llamaba como ella. Pero tampoco me importo, cualquiera puede confundirse.
Entre tantas cosas que pasaron esos días, con toda esta gente que no lo dejaba de apoyar y que lo acompañaba permanentemente, surgieron hechos de su vida que el había diseñado cuidadosamente bajo un sinfín de mentiras para disfrazar su verdadera vida. Cada cual vive como puede.
Lo cierto es que ante la posibilidad de que su vida de mentiras y falsedades fuera descubierta y le trajera algún inconveniente, este amable señor, querido y respetado por tanta gente, una vez mas decidió que un hijo es algo descartable en la vida y que era mas valioso para el sostener la historia de la vida creada para seguir adelante, que enfrentarse con la realidad y tener una hija para siempre.
Créanme que todas las historias que uno puede crear en su mente para vivir una vida diferente son posibles, si se tiene la capacidad de mi padre para vivir inmerso en ellas. Y yo, que a pesar de haber compartido poco tiempo con el, la historia real no me la contó nadie, no estaba dispuesta a mentir a la par de el para formar parte de su fantástica vida.
En conclusión a mis casi cuarenta años, papa me abandono una vez mas, como a los cuatro, a los catorce y a los treinta.
Desde pequeña viví el abandono por parte de mi padre que después de la separación de mi madre, su segunda esposa, dejo de verme y continuo su vida desde el estado de viudez que le otorgaba el haber perdido a su primera mujer.
Para mi inocente mentalidad el permanecía demasiado ocupado para poder verme o llamarme, a pesar de que nos distanciaban unas 20 cuadras.
Cuando mi madre decidió mudarnos de casa, a una bastante mas lejos, yo suponía que el no tenia la dirección de mi nuevo hogar ni tampoco forma de conseguirla, y justificaba su ausencia por tal motivo.
Cuando tuve una edad adecuada para viajar y moverme sola por ahí, decidí ir a buscarlo por mis propios medios, me encamine hacia su casa y por supuesto llegue hasta su puerta.
Inmensa era mi ansiedad a los trece años ante aquella aventura y golpee la puerta de la que suponía seria mi nueva vida junto a aquel ser que me había hecho tanta falta.
Sorprendentemente me encontré con alguien que no conocía y que me abría las puertas de su vida, o al menos eso creí en aquel momento.
Transcurrieron algunos años de idilio, mío por supuesto, hasta que por razones que ya olvide tuvo que viajar y ya no nos vimos. No recuerdo muy bien ese pedazo de historia, pero lo cierto es que no recibí ni una postal.
A su regreso me encontró nuevamente dispuesta a recomenzar, el juego había cambiado y ya mi padre no habitaba su casa.
Durante años, lo seguí en cada nueva mudanza, siempre dispuesta a tener esa idílica relación que se sucede naturalmente entre un padre y una hija pero sin tenerla realmente.
Años después me di cuenta que si no lo llamaba el no lo hacia, si yo no lo visitaba el tampoco venia a verme, con lo cual fui dándome cuenta que su falta de interés era poco mas que notoria para todos a mi alrededor, aunque yo no lo viera.
Pasaron los años, aquella pequeña había quedado atrás y se convertía en madre, una y otra vez. Mis hijas podrían disfrutar de su abuelo tanto como yo no había podido disfrutar de mi papa, pero tampoco resulto de esa forma.
Mi padre me abandonaba una vez mas, según sus palabras, pero esta vez para irse a “morir solo y no ser una carga para nadie” estaba enfermo desde hacia unos años y unilateralmente volvía a su viudez para siempre.
Me llevo casi diez años volver a encontrarlo, siguiéndole la pista cada vez que tenia un nuevo indicio de su paradero. Esta vez, después de tantas desilusiones, ya no lo buscaba para intentar reencauzar nuestra relación, solo quería saber de él. Quería saber si vivía, a pesar de llevar casi veinte años positivo para VIH, si estaba acompañado y si necesitaba, tal como yo había necesitado, un poco de cariño.
Ilusa a los cuatro años, ilusa a los catorce, ilusa a los 25 y más ilusa cerca de los cuarenta.
Volví a llenar mis arcas de amor, anécdotas de los años perdidos, recuerdos de los compartidos y una gran dosis de anestesia para no sentir dolor si me rechazaba nuevamente.
Deje a mi familia y partí a su encuentro. Me recibió un hombre distinto del que recordaba, mayor y lleno de canas, con una mirada diferente de la que recordaba, pero ávido de encontrarme una vez más. Fui muy cauta, ya había pasado por esto demasiadas veces, fui sincera y sin reproches, dispuesta a dejar todo atrás y recomponer las cosas desde ahí, desde ese punto, para no cargar ese encuentro de dolores pasados. Y el también creyó que era lo mejor que podía pasarnos a ambos.
Pasamos tres días maravillosos compartiendo cosas como padre e hija.
Cuando volví de verlo, sentí que podía relajarme y disfrutar de esta nueva etapa que me había costado casi treinta y cinco años conseguir.
Poco después de este reencuentro tuve oportunidad de volver a visitarlo, esta vez con menos suerte que la anterior, ya que por su condición estaba internado con un cuadro bastante complicado. Este segundo viaje me conecto con gente de su nuevo entorno, con la que compartió su vida durante la prolongada ausencia de la mía. Nada había cambiado, para todos era una sorpresa verme, o para la mayoría, ya que en su afán de iniciar una y otra vez la vida lejos de las realidades de su propia vida, me encontré con que seguía siendo viudo a pesar que mi madre sigue viva. También me encontré con gente que me confundía con mi hermana mayor y me llamaba como ella. Pero tampoco me importo, cualquiera puede confundirse.
Entre tantas cosas que pasaron esos días, con toda esta gente que no lo dejaba de apoyar y que lo acompañaba permanentemente, surgieron hechos de su vida que el había diseñado cuidadosamente bajo un sinfín de mentiras para disfrazar su verdadera vida. Cada cual vive como puede.
Lo cierto es que ante la posibilidad de que su vida de mentiras y falsedades fuera descubierta y le trajera algún inconveniente, este amable señor, querido y respetado por tanta gente, una vez mas decidió que un hijo es algo descartable en la vida y que era mas valioso para el sostener la historia de la vida creada para seguir adelante, que enfrentarse con la realidad y tener una hija para siempre.
Créanme que todas las historias que uno puede crear en su mente para vivir una vida diferente son posibles, si se tiene la capacidad de mi padre para vivir inmerso en ellas. Y yo, que a pesar de haber compartido poco tiempo con el, la historia real no me la contó nadie, no estaba dispuesta a mentir a la par de el para formar parte de su fantástica vida.
En conclusión a mis casi cuarenta años, papa me abandono una vez mas, como a los cuatro, a los catorce y a los treinta.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)