Alrededor de los 5 años todos los niños experimentamos una curiosidad violenta por el sexo, por el del otro, por el de los grandes, y por el propio.
Para esa época jugaba con mis amigas, casi todas de mi edad, a juegos que no traspasaban la inocencia propia de los juegos de niños. Pero para curiosidad algunos hermanos mayores nos miraban de reojo, y otros simplemente se unían al juego, como uno mas de nosotros.
Fue entonces que creo, me enamore del hermano de mi mejor amiga que me tenia en cuenta de manera diferente que al resto de las nenas, mi amiga no soportaba que el jugara con nosotras pero yo lo disfrutaba como nadie, las escondidas en los placards o debajo de las camas.
Me costo muchos años entender porque el siempre se escondía conmigo, nunca encontraba un lugar mejor que a mi lado.....
Al poco tiempo nos mudamos, y como a los 12 o 13 años mios, volvimos al barrio de visita, yo que ya había crecido como para reconocer aquel juego del placard estaba impaciente por volver a verlo, lo había idealizado durante tantos años...
Pero mis queridos amigos la naturaleza es sabia, y la mudanza que para mi había sido tan dolorosa y que me había hecho perder a mis amigos de entonces, me devolvía la imagen de aquel nene grande que me quería tanto y que yo también quería... era como una especie de mono peludo y feo con los granos propios de los 15 años, con el rostro tan rojo de la vergüenza que sentía al verme y al saber que yo sabia lo que había pasado todas esas tardes en el placard.Tan feo, tan tonto, tan avergonzado y yo con mi adolescencia a flor de piel creciendo desde ese cuerpo de niña, sobresaliendo por mi altura y mis curvas nuevas, caí en la cuenta que lo que había idealizado en el lo conseguiría sin problemas con mi nueva apariencia en mi cuerpo de grande, con mi mente de nena.
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