Cuando uno tiene hijos adolescentes se enfrenta a un mundo de situaciones en donde preferiría no estar.
Después de siete hermosos años de primaria, donde la niña en cuestión se desarrolla en forma independiente y brillante, con todos los honores que uno puede esperar de un hijo que egresa abanderado, con menciones al esfuerzo y otras yerbas, nada te hace suponer lo que te espera.
Un buen día, empieza la secundaria, y todo aquello conseguido en la escuela no sin esfuerzo se desvanece ni bien te citan del nuevo colegio, para hablarte de una criatura que no podría ser de ninguna manera tu hija.
Cruda y sin red, llegue a una reunión en que no faltaban autoridades, preceptor, tutor, director de estudios...
Cuando la charla comenzó en un tono que desconocía, al menos para esta hija, creí que se habían equivocado y no dude en expresarlo. Aunque nunca mas equivocada en la vida, aquella charla me hizo descubrir que mi hija definitivamente no era la "cerebrito brillante y aplicada" que yo conocía.
Resulta que después de tantos años de aplicacion, compromiso y devoción por el estudio, esta dulce criatura devenida en adolescente me sorprendía con una suerte de experimento.
Desde el punto de vista de la niñita, había una vida mejor que ella no había estado viviendo a lo largo de su colegiatura, que le permitía a una elite de atorrantes, aprobar su año académico a pesar de no haberse preocupado a lo largo del año.
En consecuencia el experimento consistía en hacer lo menos posible, incumplir con las tareas, y participar ampliamente en la ley del menor esfuerzo, durante el ciclo escolar, para en dos semanas de recuperatorios, conseguir la nota mínima para aprobar las materias del año.
Menudo despropósito que la llevo a padecer hasta la locura la ira de su madre malacostumbrada.
Ningún método de tortura se escapo de mis manos, desaparecieron los privilegios, las salidas, el dinero extra, así como también las cosas que realmente lastiman a un púber tecnológico. De esta forma, sin celular, ni mp4, con Internet reducido a alguna búsqueda puntual para el trabajo académico, emprendimos la tortura que llevaría a mi hija a discernir sobre el resultado de su experimento. Así y todo conseguimos que 7 materias de las 13 que creíamos perdidas llegaran a Diciembre y que de esas, 3 aterrizaran en marzo, con la consiguiente extensión de la tortura hasta el ultimo segundo del ultimo minuto.
Me pregunto: ¿Que tanto sabemos de nuestros hijos? ¿Cuantas de esos experimentos hacen sin que nos enteremos? ¿Estamos preparados para tener hijos adolescentes?
Agradezco que mi hija entendiera después de muchas horas de charla que no todo en la vida se consigue sin esfuerzo y que fracasar es no intentar lograr el objetivo.
Aprobó todas las materias en marzo, después de un verano largo.
Y según sus dichos "El experimento ya fue"
Empezamos segundo año, con las esperanzas renovadas... Continuará?
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