lunes, 16 de marzo de 2009

Encuentros y desencuentros

Después de muchos años de silencio, y gracias al milagro llamado "Internet" di con mi hermana mayor, quien decidió hace como 20 años, no tener familia. Aunque no lo entendí en su momento y aun me cuesta hacerlo, un día tomo la decisión unilateral de dejar de pertenecer a la familia que le toco en suerte y comenzar una nueva vida desde cero con algo así como 20 años de amnesia.
Un día cualquiera sin mediar palabra, quede parada en la puerta de su casa, mientras me comunicaba la novedad. Yo, que había pasado años intentando encontrarnos, me quedaba una vez mas sin hermana mayor.
En los años siguientes, y sin demasiada suerte, intente que recapacitara y que mas allá de los motivos que la llevaron a tomar esa postura, diera lugar a mis alegatos mas que validos.
Viendo la inutilidad de mis esfuerzos, un día acepte que mas allá de mi dolor y su locura, debía respetar aquella decisión que me dejaba afuera de su presente y de nuestro futuro.
Hasta que un día, años después llegaban los hijos, los de ella y los mios. ¿Eran esos niños merecedores de repetir la historia que nos había tocado vivir en la infancia?
¿Teníamos derecho de negarles la realidad de la familia?
Demasiados interrogantes para una sola persona. Emprendo entonces la difícil tarea de consensuar con ella sobre el futuro de nuestros retoños, con el nefasto resultado de la falta de acuerdo, ella decide mantener a sus hijos en la ignorancia de la existencia de la familia, y por mi parte, instruyo a mis hijos sobre la existencia de sus vínculos.
La vida nos premia a ambas con sendas niñas nacidas el mismo año con diferencia de unos pocos meses. Aun así, mantenemos la firme convicción de mi hermana acerca de vivir su vida obviando la existencia del resto de la familia.
El mundo es un pañuelo y aunque nos esforcemos, tarde o temprano la vida las encontrara.

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